De nuevo gran parte del territorio nacional se ha visto afectado por inclemencias de la naturaleza, esta vez con lluvias torrenciales que han afectado a miles de conciudadanos, arrasando con animales, cultivos, instalaciones agrícolas, caminos, edificios públicos y privados, dejado al descubierto la fragilidad de nuestra infraestructura y, lo que es peor, la escasa asimilación que hemos realizado respecto de la periodicidad con que estos fenómenos se repiten. Lo podemos resumir en un solo y categórico concepto: indiferencia.

Todos hemos sido indiferentes.

Siempre hemos escuchado de parte de las autoridades de turno ante este tipo de tragedias, respuestas y lamentaciones del tipo “nos superó”, “nunca había llovido tanto”, “no tenemos recursos suficientes”, y la ciudadanía, desconectada de la realidad o preocupada además por otros asuntos, inquietudes o necesidades, reacciona durante lapsos breves ante las imágenes que muestran las noticias en televisión, o bien e desahoga en las redes sociales. En algunos casos, hasta se organiza para “ir en ayuda de los damnificados.”

Sin pretender ser jueces o persecutores, en Mundo de la Construcción pensamos que, frente a situaciones como las que han afectado al Edificio Kandinsky de Reñaca o al Condominio Parque Zapallar, de Curicó, ya no es posible aceptar que las autoridades gubernamentales, las universitarias y las gremiales, permanezcan al margen o en el anonimato cada vez que somos víctimas o testigos de desastres como éstos. Aquí han intervenido arquitectos, ingenieros y constructores universitarios, en quienes la sociedad les ha confiado sus sueños, esperanzas y recursos esperando que, como mínimo, ellos cumplan con la responsabilidad que les asigna la ley y las que exigen sus respectivos colegios profesionales; debemos reconocer que, en la actualidad, éstos se han convertido en las modestas, lánguidas y desconocidas asociaciones gremiales.

Compromiso ético y profesional.

Desde que existen estos oficios primero y profesiones después, siempre la sociedad ha esperado que nuestro desempeño sea comprometido y ético. Quienes cometan errores deben asumir las culpas y cumplir las respectivas penas. Hace más de 4 mil años, el Código de Hammurabi, mediante un conjunto de 282 leyes escritas en piedra, logró regular la vida social y económica, estableciendo un sistema penal implacable, asentado en la denominada “ley del Talión”, que el vulgo caricaturizó como “la ley del ojo por ojo, diente por diente”.

Hoy, en Chile y en el mundo, existe un abundante marco jurídico -aunque laxo y poco riguroso en nuestro caso-, para regular qué, cómo y dónde se puede construir. También sus objetivos son recabar responsabilidades y sancionar a quienes cometen actos ilícitos, de corrupción o negligencia en la construcción de caminos, puertos o edificaciones, obras que no pueden colapsar ante eventos naturales anticipados y repetidos. No obstante, las cerca de 30 mil leyes que se han dictado en nuestro país, muchas de ellas referidas a la actividad constructora, están siendo permanentemente modificadas, interpretadas o acomodadas de tal manera que unas con otras se contradicen, se atenúan o simplemente se anulan. Y cada día aparecen más instrumentos que solo consiguen abultar el ya exagerado e inútil marco legal.

Captura de pantalla 2023-08-25 a la(s) 23.44.17Edificios Alto Rio y O’Higgins. Concepción 2010.

Por ejemplo, la Ley General de Urbanismo y Construcciones y su Ordenanza, sigue recibiendo cambios y modificaciones por iniciativas políticas y no precisamente profesionales, las que solo han logrado diluir las responsabilidades de todos los agentes que intervienen en la industria de la construcción. Caber agregar a modo de ejemplo, que por estos días (agosto 2023) se está discutiendo en la Comisión de Vivienda, de la Cámara de Diputados, un nuevo proyecto que pretende incorporar nuevas disposiciones a ese marco regulatorio, incluyendo “parches sobre parches”, con la complicidad del MINVU que, además de no contribuir a una mayor agilidad en la burocracia oficial, reasignan responsabilidades en agentes a los que no les corresponde asumirlas; preocupante tema que trataremos en un próximo reportaje.

Cronología de los mayores desastres de la construcción en Chile.

En un apretado resumen, preparado a partir de las informaciones que fácilmente se pueden encontrar en la red global, he aquí un listado preliminar de estructuras de todo tipo colapsadas por sismos, socavones, lluvias, derrumbes o crecidas de distintos cursos de agua desastres, que han recibido amplia cobertura informativa circunstancial, inexperta y sensacionalista, provocando consternada indignación en la opinión pública nacional.

  1. Edificio El Faro, Reñaca, 1985.
  2. Puertos de Valparaíso y San Antonio, 1985.
  3. Socavón vial en estero Minte, Puerto Varas,1995.
  4. Puente Loncomilla, San Javier, 2004.
  5. Edificios Alto Rio y Torre O’Higgins, Concepción, 2010.
  6. Puentes Juan Pablo II y Puente Viejo, Concepción, 2010.
  7. Edificios Don Tristán, Condominio Don Luis, Vista Hipódromo, Central Park, entre otros, Santiago, 2010.
  8. Puente Caucau, Valdivia, 2014.
  9. Puente Cancura, Osorno, 2018.
  10. Condominio Zapallar, Curicó, 2023.
  11. Edificio Kandinsky, Viña del Mar, 2023.
Captura de pantalla 2023-08-25 a la(s) 23.49.20Puente Caucau, Valdivia – Puente Loncomilla, San Javier.

En todos estos casos se han registrado víctimas humanas así como grandes pérdidas materiales. Todas y cada una de estas obras han estado a cargo de los proyectistas de arquitectura y cálculo, de los constructores, de los especialistas en las más diversas materias, además de los propios inversionistas, de las empresas de servicios básicos, de las direcciones de obras municipales, revisores independientes, laboratorios, proveedores, fiscalizadores, entre otros, muchos de los cuales han fallado estrepitosamente en su cometido individual y/o colectivo, y sobre quienes solo en contadas ocasiones ha recaído un reducido número de sanciones.

La mayoría de los involucrados suelen “eximirse de toda responsabilidad” argumentando lo que denunciamos al principio de esta crónica: “nos superó”, “nunca había llovido tanto”, “fue el terremoto más grande del último tiempo”, “no tenemos recursos suficientes”, y un extenso e inaceptable etcétera.

5 Puentes 2Estero Minte, Puerto Varas – Puente Cancura, Osorno.

¿Cómo enfrentar todo esto?

Ya es público y notorio que el Estado o las autoridades políticas están preocupados de otros asuntos, -no siempre en coincidencia con los que interesan a la ciudadanía-, por lo tanto nos corresponde reflexionar y exigir mayor calidad en la formación que reciben los profesionales del área, quienes deben demostrar antes de salir a terreno -tal como ocurre en otras realidades- haber recibido una formación práctica y académica suficiente y certificada que les avale para ejercer responsablemente cada especialidad. Debe ser obligatorio que los profesionales, en todas las especialidades actualicen periódicamente sus conocimientos, como sucede en países desarrollados, al tiempo que resulta indispensable recuperar el control profesional y ético que solo corresponde a los respectivos colegios profesionales, para recuperar en el más corto plazo sus atribuciones y facultades que nunca debieron perder. Entidades como la Cámara Chilena de la Construcción, tampoco debieran quedar al margen de estos hechos, controlando y aplicando a sus asociados, las más severas sanciones cuando les asista algún grado de responsabilidad en los hechos que preocupan a la nación entera.

Nota del Director: Mundo de la Construcción recibirá con mucho interés los comentarios de nuestros seguidores acerca de la presente publicación.